Programa 36: En una caja con Natalia Carrero


Natalia Carrero nos sedujo, a fines del 2008, para entrar a vivir en una caja en la cual su personaje, Nadila, intenaba encontrar una voz que le permitiera escribir, ser más que un personaje literario, desenvolverse en el mundo de las palabras.

Recapitulemos: Nadila quería escribir y no sabía cómo. Asistía a un taller de escritura creativa y alguien le habló de Clarice Lispector. La lectura de la autora brasileña fue el catalizador para este libro. Para Natalia Carrero, también: primero fue Lispector, después fue Soy una caja. Un “libro con ínfulas literarias”, nos ha dicho ella, que no se atreve a llamar “novela”, pero que es un exquisito viaje iniciático de un proyecto de escritora y nos acerca a las desesperadas maneras de un ser de cartulina, trazos de carboncillo y palabras por existir.

Natalia, además de contestar a nuestro insufrible cuestionario sobre Soy una caja, ha tenido a bien contarnos su experiencia lectora sobre la obra de Clarice Lispector. ¿A ti te gusta?

Alberto Monreal nos trae una sección que en este programa intenta hacer, también, de puente entre personalidades literarias: Oscar Wilde y Aubrey Beardsley.

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Published in: on mayo 18, 2010 at 9:28 pm  Comments (2)  
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Programa 29: Retratos de unas obsesiones

¿La escritura y la obsesión son sinónimos? ¿Obsesión y literatura son hermanos?

Dar vueltas sobre un mismo tema es lo que nos gusta hacer en nuestra hora semanal de radio dedicada a los libros, así que hoy era dar vueltas sobre dar vueltas, quedarse pillado, obligado a recurrir al mismo libro, al mismo autor hasta sacarle las entrañas (metafóricas), o repetir a diario el mismo ritual para poder mejor entrar en la escritura.

Ritos, manías y tormentos. ¿Es la obsesión tan importante en la creación? ¿Qué dosis de manía se necesita para llevar a cabo un libro cualquiera? ¿En qué punto el genio tiene derecho a alimentarse obsesivamente y en qué punto se convierte en una patología? ¿Cuántos de los escritores que nos gustan están sin diagnosticar?

Un programa del clásico Metrópolis (el emitido el 22 de marzo) nos dio la idea de entrar al trapo con el tema de la obsesión, que hemos ido a parlamentar con dos escritores y un psiquiatra. Para que cada uno nos diera su versión y experiencia propia.

Matías Candeira (Madrid, 1984) es autor de Parábola de los talentos (Gens, 2007) y La soledad de los ventrílocuos (Tropo, 2009). Hemos querido saber de él qué obsesiones ha tenido como lector (nos habla de la relectura compulsiva de Lovecraft y de cómo sus argumentos le incitaron a escribir cuentos); y cuánta importancia tienen las manías y obsesiones en sus procesos de creación (¡el café se enfría!). Una de sus manías: dejar para el día siguiente la terminación de la historia, cuando ya sabe para dónde la debe sacar.

“¡Qué alivio tirar a la basura un manuscrito, testigo de una fiebre desvanecida, de un frenesí consternador!”, escribía Cioran en Ese maldito yo. Hemos llamado a Jesús Cotta, escritor de, entre otros títulos, Las vírgenes prudentes (Mono Azul editora, 2008), Topicario y arpones contra el pensamiento simple (Almuzara, 2005), Ulises y las sirenas (Ed. Paréntesis, 2009). Prologó y antologó un volumen de Santa Teresa de Jesús, Teresa, mon amour. Le hemos preguntado sobre el nivel necesario de obsesión para sus propios proyectos. Nos ha contado, en plan confidencia, cómo está hace años enfrascado en una novela de ciencia ficción… que incluso sus amigos despachan sin contemplaciones.

Elena nos ha hecho una recopilación de topicazos que juntan la palabra “obsesión” con la palabra “escritor”. Por ejemplo: un escritor obsesionado por publicar, un escritor obsesionado con la literatura, un escritor obsesionado con un amor imposible, un escritor obsesionado por escribir una gran novela, un escritor obsesionado con el lenguaje, con no repetirse, con repetirse. (Por cierto, ¿por o con?).

También recordó (recordé) el Mal de Montano, del que nos  habló Vila-Matas, esa enfermedad literaria que consiste en obligarse a vivir obsesivamente colgando de la literatura, como esos adorables dandys que citan constantemente a Oscar Wilde. Y también la literatosis, ese mal aliento, que lo llamo Juan Carlos Onetti.

El residente de la Unidad de Psiquiatría del Gregorio Marañón Manuel González nos explica que muchos escritores sufren trastorno bipolar, lo que antes se conocía como maniaco-depresivo. Si a ese trastorno le sumas el alcoholismo, algo bastante habitual, nos encontramos con muchos grandes casos de la literatura, como Malcolm Lowry, nos pone como ejemplo. Kafka fue uno de los obsesivos más evidentes.

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Programa 17: Mentiras??

La primera de las muchas citas de este programa se le atribuye a Borges: “la literatura no es una gran mentira, la literatura es la mentira”.

Yo (Elena) llego al estudio tras asistir al paso de la cabalgata de Reyes en el barrio de Prosperidad, lo que me sirve para enlazar esa mentira social, esa alucinación colectiva que comenzó como tradición y hoy se sustenta en el mercado, o sea, en el capitalismo.

Haciendo el favor

Carolina prefiere hablar más de la mentira como base de la ficción. Yo devaneo por algunas mentiras y mentirosos históricas e histéricos.  Carolina dice que la mentira en literatura no es un vicio sino necesidad. A mí me gusta si la mentira se usa para la provocación y el disgusto pero creo que tras las mentiras se esconden verdades que nos cuesta decir directamente, por eso creamos Escargots, Quijotes y Pinochos. El aportaje, por cierto (y según aprendimos en aquel programa), es un género mentiroso y a la par real.

Esta cita vale para sustentar la mentira como base ficcional, es de Jorge Volpi: “La ficción literaria no surge cuando algún nómada o cazador cuenta a su tribu una mentira. Surge cuando hay un mentiroso que cuenta sus aventuras y el público sabe que es falso pero lo cuenta tan elocuentemente que los demás quieren seguir escuchando su relato”.

Carolina nos habló también de Henry James y su libro El mentiroso, una obra de 1888 editada por Impedimenta.

Yo volví sobre uno de mis personajes favoritos. La primera vez que supe de Arthur Cravan fue en una mítica exposición en La Casa de Vacas de El Retiro hará más de 15 años y allí caí fascinada por el hermoso poeta boxeador. Me gusta que hiciera creer al mismísimo New York Times que su tío, Oscar Wilde, seguía vivo, según escribió en un aportaje para su propia revista-fanzine Maintenant, que la editorial El Olivo Azul ha publicado recientemente.

Hablando de Oscar Wilde, no pudimos pasar por el tema de la mentira sin recurrir a su ensayo La decadencia de la mentira, donde protesta contra el mal gusto moderno del naturalismo.

Uno o dos días antes del programa Carolina lanzó en Twitter que tenía intenciones de atacar el tema de la mentira en literatura, a ver qué pasaba. Alguien recordó que la mayor mentira literaria de nuestro tiempo es la de JT Leroy, y de él/ella hablamos. A propósito de falsas identidades, no cupo en el programa recordar a algunas mujeres ocultas bajo nombres masculinos e incluso hombres existentes para, como JT Leroy, construir una identidad que hiciera más creíble su trabajo, a juicio de las autoras. Ese fue el caso, en España, de María de la O Lejárraga, que firmaba oculta bajo el nombre de su esposo, Gregorio Martínez Sierra. Él era, en realidad, el empresario y editor pero el talento para las obras teatrales era de María. Existe una biografía sentimental y literaria titulada Gregorio y yo: medio siglo de colaboración. Otro caso: Caterina Albert ganó los juegos florales de Olot en 1898 con un monólogo titulado La Infanticida. A pesar del premio, causó un escándalo tal, tanto el tema como el tono, que esta escritora en catalán se vio obligada a reinterpretarse con el nombre de Victor Català, que es con el que pasaría a la historia de la literatura.

El filósofo y político italiano Gianni Vattimo dijo “verdad y mentira como hechos morales existen sólo en el marco de las convenciones sociales: dice la verdad el que usa las metáforas aceptadas según las reglas lingüísticas de la sociedad en que vive. No existe verdad o falsedad fuera de las convenciones, de las cuales, a su vez, no podemos decir si son verdaderas o falsas”.

Remata este programa que de mano en mano va, como la falsa moneda, la sección de Alberto Monreal dedicada a los negros literarios.

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